Era un 18 de abril cualquiera, mi cumpleaños, pero nunca nadie lo había
convertido en un día especial para mi así que simplemente era miércoles.
Llevaba ya 3 años con mi psiquiatra. Ella era una persona
bastante reservada, yo no sabía
prácticamente nada de su vida, solo las pocas banalidades que en ocasiones me
contaba para romper el hielo que a veces generaba mi silencio.
Adriana me dijo: Tercer cumpleaños que la pasas conmigo. ¿Es
coincidencia que siempre elijas este día para tener sesión? Sabes que estoy disponible
prácticamente todo el año.
Sí, es mi manera de no
pensar tanto en que a nadie le importa. ¿Pronto darás de alta?
-
¿Te
crees suficientemente capaz de estar allá afuera sin mí?
No, pero creo que me mantienes aquí porque te divierte.
Cuéntame algo de ti, tú sabes todo sobre mi y yo no tengo idea de cómo es tu
vida.
Para mí hay solo dos opciones:
Opción A: Estás casada, tienes hermosos hijos, perros y
gatos.
Opción B: Eres una psicópata que le encanta ver sufrir a los
demás, por eso no me dejas ir, no estás casada, ni tiene hijos, ni perros, ni
gatos.
Clavó su mirada en mi y sentí cómo se helaba mi cuerpo,
mientras me decía.
-
Y
no, no estoy casada, ni tengo hermosos hijos, ni perros, ni gatos.
-
¿Continuamos?
No hay comentarios:
Publicar un comentario