Era el 2020 y a pesar de todos
los protocolos sanitarios que trajo consigo la pandemia, las clínicas y
hospitales estaban abarrotados de gente.
Cualquiera creería que ante el
miedo inminente de contagiarse, las personas preferirían resguardarse en sus
casas, pero la realidad es que por alguna extraña razón muchas se sentían más
seguras en un centro médico.
Mi intervención estaba
programada para junio 2020, en pleno apogeo del covid. No era nada riesgoso,
digamos que más bien los doctores la llamaban operación de rutina.
Llegué cerca al mediodía y no
había nadie en la recepción así que escribí mi nombre en un cuaderno
para esperar a ser llamada. Era uno de los tantos protocolos.
Sandra Aguilar.
35 años.
Motivo de la visita: Operación
Me fijé que había tres
personas antes que yo, pero no habría problema pues venían solo a consulta. Me
senté a esperar oír mi nombre. La secretaria del doctor por fin llegó, revisó
la hoja y llamó al primero de la lista.
Su nombre era Juan Rivera y al
parecer se había dislocado la muñeca pues tenía un yeso.
Juan parecía muy agradable, en
todo momento lo escuché hablar con mucho ánimo.
Me acerqué a la secretaria
para preguntarle cuánto tiempo más iba a tener que esperar, pero el llanto de
un niño me distrajo y me fui velozmente de ahí. Tenía un fuerte dolor de cabeza
y ese llanto lo estaba empeorando.
No entendía qué pasaba, mucha
bulla a pesar de ser un hospital, gente entrando y saliendo todo el tiempo.
Me volví a sentar y junto a mi
había una señora mayor quien hablaba por teléfono y le decía a su hermana,
creía yo, que la biopsia salió positiva, tenía cáncer.
Quise tranquilizarla, pero la
prudencia y el miedo a contagiarme de covid me frenó. Sentía que una mascarilla
no era suficiente.
Seguía esperando, ya bastante
inquieta, pues se acercaba la hora de la
operación y nadie me llamaba.
De repente Lorena, la
secretaria, entra a su cubículo y grita
el nombre de la siguiente persona de la lista.
Carmen Paredes.
Con Carmen no pude descifrar
qué tenía, pues aparentemente se le veía sana y no escuché ninguna conversación
que me revelara lo contrario. Al parecer
era solo rutina.
Finalmente, ya estaba por llegar mi nombre. ¡Qué
felicidad!
Salió Carmen rápidamente así
que supuse que por fin me harían entrar para prepararme para la operación. No
tenía mucho sentido que me hayan hecho esperar tanto ya que las atenciones para
consultas nada tienen que ver con las
intervenciones quirúrgicas, sin embargo, no ahondé en ello. Yo quería que me
atiendan ya.
Me paré y vi al doctor, mi doctor.
Qué alivio, pensé, siempre estuvo adentro. Claramente había estado operando, pues
todavía llevaba ropa de quirófano.
Mientras caminaba hacia él vi que dos personas se acercaron primero a hablarle.
Yo las conocía, eran mis
padres.
Mis padres estaban llorando.
Sentí frío en todo el cuerpo.
¿Qué pasa? ¿Qué hacen acá hoy
si tenían que venir por mi mañana?
Aceleré el paso para llegar a
ellos, pero creo que algo me detuvo y solo alcancé a escuchar.
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Paciente Sandra Aguilar
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Hora de muerte: 18:36
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