Dicen que la vida es eso que pasa mientras haces otros planes, es una típica frase que usamos para darnos ese ánimo de seguir adelante, de no caer, de dejar “que todo fluya”, de no desmoronarte poco a poco cuando esa vida que pasa se llenó de planes fallidos.
Este momento que vivimos lleno de
incertidumbre y, sobre todo, mucho miedo ha hecho que salga la mejor y peor
versión de cada uno, algunos han descubierto que tenían habilidades para muchas cosas, otros han aprendido a cocinar, quizás mejorado técnicas
olvidadas, todos hemos inventado mil y una formas de mantenernos cuerdos, nos hemos
dado cuenta que teníamos más temores de los que pensábamos, hemos visto el egoísmo
frente a nosotros, la bondad, la esperanza, la maldad, se han fortalecido amistades, se han dejado ir otras que no
tenían que estar más y, como no podría ser de otra manera, nos hemos visto más
vulnerables que nunca, esa vulnerabilidad que tanto nos esforzábamos por no
mostrar ahora está tan expuesta que asusta.
Este miedo remueve sentimientos
que creímos olvidados, es cierto que pensar
en la muerte como algo ya no tan lejano
hace que traigas a tu memoria
muchos de los pasos que has dado a lo largo de tu vida, los errores, los
aciertos, las alegrías, las tristezas, absolutamente todo.
Me arriesgo a decir que nunca nadie se hubiese
imaginado estar pasando por un momento así en el que hasta el más mínimo
contacto puede ser mortal, nunca nos imaginamos ver a nuestros abuelos a la
distancia y no poder acercarnos a darles un beso, nunca nos imaginamos tener que saludar a
nuestros amigos de lejos sin ese abrazo que siempre nos dábamos, muchos nunca
imaginaron que no podrían despedirse de los que aman.
Pienso en todos aquellos que se
fueron en estos meses, cuántas cosas habrán dejado inconclusas, cuantos planes
tenían en su vida, cuantas cosas no llegaron a decir, ellos un día así, sin más, salieron, quizás a comprar, quizás a pasear
al perro, quizás a ayudar a un vecino, y cuando regresaron a casa no imaginaron
que ahí comenzaría todo, muchos ni
siquiera tuvieron que salir, el virus entró silenciosamente a sus vidas llenas
de planes y simplemente se los
arrebataron.
También pienso en los que siguen con ese dolor por el que se fue, con esa impotencia de no haber podido ayudarlos, de ni siquiera haberse podido
despedir, ellos se quedaron aquí, sí, con
sueños que ya no podrán realizar, con palabras que ya no podrán decir, con
muchas cosas inconclusas y estoy segura que esa no es la vida que nadie pensó que pasaría mientras hacíamos
otros planes.
Y es que ahora muchos ya no hacemos planes, no sabemos qué pasará mañana o la próxima semana, no sabemos si en algún momento recibiremos esa noticia que nadie quiere escuchar, es por eso que aquello que dicen que la vida te puede cambiar en un segundo y que debemos aprovechar el tiempo porque nunca sabes qué podría pasar ahora cobra sentido.
Jamás imaginamos que, en
efecto, todo es tan incierto que a lo mejor mañana esa persona a la que aún no
le das las gracias, a la que aún no le pediste perdón, a la que aún no le
dijiste lo desconsiderada que te parece, a la que aún no le dices que se aleje de tu vida, a
la que aún no te atreves a decirle que ya no quieres, a la que aún no te atreves a decirle que sí
quieres, a la que aún no le dices que te lastimó, quizás mañana
ya no estará y esos sentimientos se quedarán pululando en tu cabeza y no te dejarán avanzar porque cuando todo esto pase si no haces algo ahora repetirás la historia, te lo aseguro.
Por eso está bien aprender a decir, a soltar, pero también, por favor, aprende a no agarrar cualquier cosa.