La Mudanza

Era un pasadizo algo angosto para la cantidad de historias que había a su alrededor.

En uno de los tantos días que supone una mudanza me percaté de una puerta maltrecha, llamó mi atención por lo vieja que estaba.

Ahí vive un trabajador de las químicas, me dijo el conserje. Es un señor muy amable, pero no se le conoce familia. Hace días lo vi salir con maletas,  quizá volvió a su país. Espero que le haya avisado al dueño.

Hacía mucho frío, sin embargo,  las ventanas del pasillo estaban abiertas, los olores se perdían con el aire que entraba, pero yo sentía uno que penetraba mi nariz, un olor desconocido para mí,  no obstante, supuse que era comida malograda dentro de uno de los pisos que algún olvidadizo inquilino había dejado fuera de la nevera.

Era viernes y mi último viaje de mudanza. Llegué al edificio, había policías en la puerta y un coche de la morgue.

¿Qué ha pasado?

-        El vecino del 504.

¿Ese era el olor?

-        ¿Usted lo había sentido? ¿Por qué no llamó a las autoridades?

Yo no sabía cómo olía un muerto en estado de descomposición.

-        Bueno, ahora ya lo sabe.


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