#COVID

Dicen que la vida es eso que pasa mientras haces otros planes,  es una típica frase que usamos para darnos ese ánimo de seguir adelante, de no  caer, de dejar  “que todo fluya”,  de no desmoronarte poco a poco cuando esa vida que pasa se llenó de planes fallidos.

Este momento que vivimos lleno de incertidumbre y, sobre todo, mucho miedo ha hecho que salga la mejor y peor versión de cada uno, algunos han descubierto que tenían habilidades para muchas cosas, otros han aprendido a cocinar,  quizás mejorado técnicas olvidadas, todos hemos inventado mil y una formas de mantenernos cuerdos, nos hemos dado cuenta que teníamos más temores de los que pensábamos, hemos visto el egoísmo frente a nosotros, la bondad, la esperanza, la maldad, se han fortalecido amistades, se han dejado ir otras que no tenían que estar más y, como no podría ser de otra manera, nos hemos visto más vulnerables que nunca, esa vulnerabilidad que tanto nos esforzábamos por no mostrar ahora está tan expuesta que asusta. 

Este miedo remueve sentimientos que creímos olvidados,  es cierto que pensar en la muerte como algo ya no tan lejano  hace que  traigas a tu memoria muchos de los pasos que has dado a lo largo de tu vida, los errores, los aciertos, las alegrías, las tristezas, absolutamente todo.

Me arriesgo a decir que nunca nadie se hubiese imaginado estar pasando por un momento así en el que hasta el más mínimo contacto puede ser mortal, nunca nos imaginamos ver a nuestros abuelos a la distancia y no poder acercarnos a darles un beso,  nunca nos imaginamos tener que saludar a nuestros amigos de lejos sin ese abrazo que siempre nos dábamos, muchos nunca imaginaron que no podrían despedirse de los que aman.

Pienso en todos aquellos que se fueron en estos meses, cuántas cosas habrán dejado inconclusas, cuantos planes tenían en su vida, cuantas cosas no llegaron a decir,  ellos un día así, sin más,  salieron, quizás a comprar, quizás a pasear al perro, quizás a ayudar a un vecino, y cuando regresaron a casa no imaginaron que ahí comenzaría todo,  muchos ni siquiera tuvieron que salir, el virus entró silenciosamente a sus vidas llenas de planes y simplemente  se los arrebataron.

También pienso en los que siguen con ese dolor por el que se fue, con esa impotencia de no haber  podido ayudarlos, de ni siquiera haberse podido despedir, ellos se quedaron aquí,   sí, con sueños que ya no podrán realizar, con palabras que ya no podrán decir, con muchas cosas inconclusas y estoy segura  que esa no es la vida que  nadie pensó que pasaría mientras hacíamos otros planes.

Y es que ahora muchos ya no hacemos planes, no sabemos qué pasará mañana o la próxima semana, no sabemos si en algún momento recibiremos esa noticia que nadie quiere escuchar, es por eso que aquello que dicen que la vida te puede cambiar en un segundo  y que debemos aprovechar el tiempo porque nunca sabes qué podría pasar ahora cobra sentido. 

Jamás imaginamos que, en efecto, todo es tan incierto que a lo mejor mañana esa persona a la que aún no le das las gracias, a la que aún no le pediste perdón, a la que aún no le dijiste lo desconsiderada que te parece, a la que aún no le dices que se aleje de tu vida, a la que aún no te atreves a decirle que ya no quieres,  a la que aún no te atreves a decirle que sí quieres, a la que aún no le dices que te lastimó,  quizás mañana  ya no estará  y  esos sentimientos se quedarán pululando en tu cabeza y no te dejarán avanzar porque cuando todo esto pase si no haces algo ahora repetirás la historia, te lo aseguro.

Por eso está bien aprender a decir, a soltar, pero también, por favor,  aprende a no agarrar cualquier cosa.

 

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